Como en cualquier familia, en la mía había parientes que eran buenos en los negocios y había aquellos que simplemente no tenían la habilidad de hacerla en los negocios. En mi caso existía el caso de mi tío Julio, él trabajaba en una compañía de telemarketing y tenía cierta antigüedad ahí, no le iba mal pero su trabajo consistía en estar sentado todo el día. El siempre tuvo una mentalidad empresarial y tenía la idea de abrir una farmacia para empezar una serie de negocios que lo mantendrían en su vejez. La razón por la que no lo había hecho cuando yo hable con él sobre el tema era porque lo más importante era la locación y él no había encontrado la esquina perfecta.
Me parecía una razón bastante válida, pero me empecé a fijar que la razón se convertía en una excusa conforme pasaba el tiempo. Siempre era la excusa de la esquina perfecta. Pasaron 10 años y nunca había encontrado la esquina perfecta, hasta el día en el que Julio se dio cuenta de que ya había pasado su oportunidad. Había sido víctima del síndrome de “La esquina perfecta”. En su caso se trataba de la locación que a pesar de ser muy importante para cualquier negocio no siempre es esencial. Pudo haber sido cualquier otro aspecto que lo detenía para emprender con su farmacia la cual después lo llevaría a muchas múltiples oportunidades. Sin embargo lo que Julio nunca pudo ver es que en realidad el problema no era la locación sino su falta de decisión.
La falta de decisión de Julio no le permitió alcanzar la libertad financiera y tranquilidad que siempre buscó. Si hubiera buscado un lugar y se hubiera decidido un día a poner la farmacia en cualquier lugar pudo o no haber tenido éxito. Pero lo verdaderamente importante es que lo hubiera intentado y habría ganado sin importar el resultado. Hubiera ganado experiencia y posiblemente un gran negocio. Pero el racionalizó toda su vida que la razón por la que no ponía su farmacia era una razón verdaderamente importante y válida. Y quien sabe que hubiera pasado, pero la realidad es que la probabilidad de ser un éxito era mayor si ponía la farmacia en un lugar indistinto comparada a si no ponía la farmacia nunca.
Lo que vale la pena extraer de este pequeño relato es que como seres humanos siempre tenemos maneras de esconder nuestros miedos y dar explicaciones a los demás de por que no hacemos las cosas. Lo peor es que nosotros también nos creemos las historias que contamos y por esta razón siempre acabamos sin hacer nada. La pregunta que resta hacerse por difícil que sea es:
¿Cuál es tu esquina perfecta?
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Amo este post, gracias por su informacion, soy Lenen
Yo soy el tio de un sobrino que nunca puso su farmacia… ahora entiendo que me faltaba lo realmente importante. La decisión y el empuje. Fui un cobarde y envejecí sentado frente a un teléfono que apenas me daba para comer.
Si alguien me hubiera mostrado esta historia, tal vez todo sería igual -o sea yo sin farmacia- pero siempre hubiera sabido que la falta de valor era el verdadero motivo y mis lloriqueos con todo mundo hubieran sido injustificados.
Perdí a mi esposa y a mis hijos pues se cansaron de acompañarme el la búsqueda de la esquina perfecta.
Y tenían razón. La esquina perfecta iba a ser esa… donde yo pusiera la farmacia… o la taquería o el taller, o la miscelanea, o la pollería, o el cafe Internet.
Agradezco este post que me ha ubicado en la realidad… y creoq ue ya encontre la esquina perfecta.. ahora solo necesito el capital…
Alguien le entra conmigo?
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